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por  Otto Berdiel  Rodríguez


declinacion imago paterna

Para dar cuenta de la ley subjetiva, las leyes sociales y el origen mítico de las organizaciones sociales, entre ellas, la familia, así como una contextualización histórica que diera cuenta del complejo de Edipo, Freud (1913) realiza en su obra “Tótem y Tabú: Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos”, un recorrido por algunos senderos antropológicos y sociales, articulando la Ley de prohibición del incesto..

El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009

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artista, arte contemporaneo, expo

Eduardo Alberto León *

I

Resumen

En el Espíritu del tiempo de cada época hay un afilado viento del este que sopla a través de todas las cosas. Yo puedo encontrar huellas de ello en todo lo que se ha hecho, pensado y escrito, en la música y en la pintura, en el florecimiento de este o aquel arte: deja su marca sobre todas las cosas y sobre cada uno
Arthur Schopenhauer

Descubrir los procesos socioculturales y discursivos que actualmente constituyen nuestra forma de ver el sexo, demuestra el camino que los mismos imponen en  resolver de manera mediática, los retos que se le han impuesto a la sexualidad desde que el paradigma moderno está inscrito en ella. Reconocer esto es el primer paso en este análisis para demostrar la imposibilidad de separar nuestro sexo de la modernidad inscrita en nuestra sociedad modernizada, con sus respectivos roles, patrones, reglas y secretos establecidos en el lado oscuro de Occidente.

1. La  sexualidad  vista sólo como “carne”.

El poder sobre la vida es descrito a través de su desarrollo en dos formas básicas: una, alrededor de la concepción del cuerpo, su disciplina. optimización y crecimiento de su utilidad, y la otra, alrededor de una concepción de población, de la especie y las varias dimensiones apropiadas para su gobierno (por ejemplo, «propagación, nacimientos y mortalidad, el nivel de salud, expectativa de vida, etc.»).En resumen, el ejercicio del bio-poder, poder sobre la vida  implica la entrada de fenómenos peculiares de la vida de la especie humana al orden del conocimiento y el poder, a la esfera de  las técnicas  políticas. El significado del sexo como un asunto discutido políticamente surge del hecho de que cada acceso a los dos ejes por medio de los cuales se ejerce la tecnología política de la vida, permite acceder  tanto a la vida del cuerpo como a la vida de la especie.

A principios del siglo XIX, continúa habiendo una experiencia sexual a través de la cual en las sociedades occidentales los individuos llegan  a reconocerse a si mismos como sujetos, donde la sexualidad es   conceptualizada como una experiencia histórica singular  constituida  a través  de la correlación entre:

a) campos de conocimientos ( ciencias ) que se refieren a ella.

b) relación de poder  que regulan  sus prácticas.

c) modos y técnicas a través de las cuales los individuos se reconocen como sujetos de ella

Cuando  la palabra sexualidad  redunda en nuestros oídos inmediatamente  la asociamos  con la genitalidad  es decir como una esfera biológica. Esto indiscutiblemente ya forma parte de la manera -general- de pensar del hombre moderno. No hemos tenido la delicadeza de reflexionar sobre la episteme que construye el sexo y de los discursos que el mismo ha fomentado. No hemos notado la simple operación aritmética de la sexualidad, que no es más que el producto del “resultado del cruce de la naturaleza con la estructura social y responde, por tanto, a condiciones sociales determinadas por un contexto”

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/AL_Sexualidad_saber_y_placer.htm

por Jairo Gallo Acosta

La aletheia fue traducida al latín por veritas y al español por verdad, pero  la verdad se puede remitir al desvelamiento de un velo. La aletheia para Aristóteles  es la búsqueda de la verdad (Aletheia) que tiene que estar sustentada en la razón (Logos), la adecuación entre la idea y la naturaleza (physis). Durante siglos la filosofía trató a la verdad tal cual como lo había planteado Aristóteles hasta que Heidegger retomando a los presocráticos cuestiona la adecuación platónica y aristotélica entre el intelecto y la cosa como forma de alcanzar la verdad. Poco a poco a través de la historia de la filosofía el intelecto o la razón fue ubicándose en ese lugar de la verdad, no por nada Santo Tomás llega a decir: veritas invenitur in intelectum vel divino (”la verdad se encuentra propiamente en el intelecto humano o en el divino”), esa concepción de la verdad tomista es la que irá convirtiendo en la verdad como conocimiento.

La modernidad con Descartes comenzó a afirmar una verdad adecuada al conocimiento y no como Heidegger y después Lacan lo señalaran, que la verdad es la vía hacia el conocimiento y no es el conocimiento, Foucault señala este cambio con las siguientes palabras:

“aquel que quisiera hacer la historia de la subjetividad o, mejor, la historia de las relaciones entre sujeto y verdad, debería intentar reencontrar la muy larga transformación de un dispositivo de subjetividad definido por la espiritualidad del saber y la práctica de la verdad por parte del sujeto en este otro dispositivo de subjetividad que está gobernado por la cuestión del conocimiento del sujeto por sí mismo y de la obediencia del sujeto a la ley”1

Para Foucault la verdad después de la modernidad se convierte en un acto  de reconocimiento del mismo conocimiento, sin ninguna transformación del mismo sujeto “el sujeto actúa sobre la verdad, pero la verdad ha dejado de actuar sobre el sujeto”2.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/JG_Aletheia_y_psique.htm


por Roque Farrán

Es posible que haya más de un modo de interpretar, quizás haya infinitos modos, infinitas modulaciones de sentido, infinitas variaciones del campo semántico. El problema con esta multiplicidad imaginaria es que en su deriva incesante, en su discurrir proliferante, no puede dar cuenta del surco mismo sobre el que se desliza, el cual insospechadamente puede reducirse a no ser más que a uno (el significante amo que deriva la fluidez de las significaciones). Por ello Lacan trabajó incansablemente sobre la idea de interpretación como corte y reducción de sentido, por ello acudió a fórmulas y axiomas matemáticos para circunscribir el momento del impasse, el momento del encuentro con lo real imposible. Aquí ensayaré un recorrido electivo por algunas de esta vías posibles de interpretación (al revés) que habilitó Lacan con su decir.

I. El deseo del analista qua función

¿Por qué el deseo del analista es una «función»?

Desde el punto de vista matemático tal definición implicaría un tipo particular de relación entre los elementos de dos conjuntos. ¿Es posible que el sistema significante inconsciente, que constituye al sujeto analizante, encuentre en el análisis otro conjunto correlativo de elementos significantes con el cual establecería una función? ¿Acaso es válido pensar la interpretación del analista como la operación que permite que haya «función», en el sentido matemático del término?

Encuentro algunos elementos que habilitan esta lectura. Que sean los dichos del  analizante, considerados como conjunto de partida (pongamos A), los que determinan si hay o no «función deseo del analista» en tanto sean considerados los significantes de la interpretación como el conjunto de llegada (pongamos B); mientras que sería el analista mismo quien, mediante la operación de corte significante, produce el efecto de sujeto del inconsciente. Las dos condiciones para que haya función: “existencia” (todo elemento de A debe relacionarse con uno de B) y “unicidad” (todo elemento de A debe relacionarse con sólo uno de B), implican que el analista intervenga oportunamente sancionando la emergencia de la hiancia subjetiva con una y solo una marca significante. Así, por medio del equívoco, no derivaría hacia otro significante y no produciría el correlativo efecto de sentido que infinitiza el análisis (unicidad). Por otro lado, toda emergencia  subjetiva que no reciba del analista sanción también patentiza el defecto de función (existencia).

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/RF-interpretacion_corte_anudamiento.htm


Lacan - Freud - Psikeba

por Jesús Manuel Ramírez Escobar

En este trabajo se presenta  un análisis del texto: “El estadio del espejo” de Jacques Lacan de 1966, abordando los hechos históricos que rodearon la presentación original de este texto en 1949 y los fundamentos teóricos que se pueden rescatar ya sea desde la filosofía de Levinas como en las enseñanzas de filosofía hegeliana de Kojève en Paris; a su vez, mediante un recorrido textual se observarán las ideas que se prestaban en la psicología en aquel tiempo a través de aportaciones de la psicología cognitiva de Wallon y Bühler. Con la finalidad de demostrar que la alteridad es parte constitutiva de la formación del Sujeto.

En el transcurrir del año de 1936, para ser precisos con lo expuesto por Roudinesco (1995, p.167): el 31 de julio; un joven psiquiatra francés hasta ese momento desconocido y apenas ingresado en el organismo rector del psicoanálisis en 1934 a través de la Sociedad Psicoanalítica de Paris, arriba al curul de los exponentes del primer congreso internacional de la IPA organizado en Marienbad, con la finalidad de dar a conocer una nueva propuesta con referencia a la formación del yo(je) dentro de la teoría psicoanalítica, es aquí, en el marco contextual de las disputas entre Kleinianos y Annafreudianos que pugnaban por la supremacía de sus propias teorías, escuchaban y criticaban mordazmente a todo el que se pusiera enfrente.

Este joven llamado Jacques Lacan buscaría la venia de los altos mandatarios del psicoanálisis y así constituirse como uno de los principales teóricos de la Escuela Francesa. Sin embrago, es interrumpido por el director de este organismo internacional, Ernst Jones, quién dará por finalizada la presentación y será regañado por Kriss con un simple “eso no se hace”, hecho que en fecha y hora (3 de agosto a las 15:40)  Lacan nunca olvidará como podemos ver más adelante en sus Ecrits.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/JRE-Lacan_Estadio_del_espejo.htm

por Juan Pablo Sánchez Domínguez

Lo que esbozo en este artículo es: Desde Freud se plantea cuáles son las direcciones que se  tomaran en cuenta para  el despliegue asociativo de lo Inconciente, y que aquello que se pone  en juego en la clínica psicoanalítica tenga como resultante un acto analítico.

Lacan continuando la obra de Freud nos indicará que en la clínica se trata de un acto de amor, en la cual el paciente pone al psicoanalista como aquel que posee aquello que le hace falta, -inicialmente como acto transferencial-, pero después este lugar de “supuesto saber” en el que el analista estará colocado, servirá de pivote para el advenimiento del sujeto de lo real.

A manera de inicio puedo mencionar que el trabajo tan fructífero que Freud realizó para encontrar un dispositivo que le permitiera, por un lado, la comprensión de los fenómenos histéricos y por el otro,  el abordaje de aquellas mujeres con dichos padecimientos que hasta esa época permanecían desconocidos por la ciencia médica, en el entendido que rebasaban hasta ese momento su compresión, es en este punto que la genialidad de Freud contribuye históricamente y de manera genuina con un dispositivo que tendrá como primer encuentro el entendimiento de los acaeceres psíquicos de lo Inconciente, es decir que sería Freud quien tendría la posibilidad de fundar lo que ahora conocemos como: una clínica bajo transferencia, asociación libre, atención flotante y un principio: La ignorancia docta. Cabe mencionar que este último  descubrimiento sería lo que trazaría no solamente la dirección del acto analítico sino que también fundaría la relación terapéutica que el clínico habrá de establecer con ese saber que le es conferido y que indudablemente no le pertenece y que lo pondrá  a saber,  en “un lugar supuesto” evocado, claro está no sin ese motor transferencial, que por la vía del amor se funda y que para el psicoanálisis a diferencias de muchas “terapéuticas” es fundamental un “saber que-hacer con ello”, con ese efecto que se produce y adonde encausarlo, a decir, a la apertura de lo Icc. Este descubrimiento nos permitirá también entre otras muchas cosas distinguir otro elemento en extremo fundamental que en las propias palabras de Freud podemos colegir de la siguiente manera:

Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente aquel que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino a imponerle nuestros ideales y con arrogancia del creador a complacernos en nuestra obra maestra luego de haber formado a nuestra imagen y semejanza.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/JSD-analista_analizante_sujeto.htm

artista, arte contemporaneo, expo

por Laura Suárez González de Araújo

“No hay ser que exprese de una manera más patética el dolor de existir y el sufrimiento como el melancólico”.
Jaques Lacan

El presente trabajo pretende desarrollar un estudio analítico del concepto de la “melancolía” a partir de la interpretación que del término han dado diversos autores  de distintas corrientes filosóficas. Así, en un primer momento se tomará como punto de referencia la experiencia dominante del tiempo que impera en este estado de ánimo y que ha sido ya desentrañada en ciertos textos fundamentales de Nietzsche, Binswanger, Rousseau o Freud, pensadores sobre los que quedará articulada esta parte inicial. En un segundo momento, se tratará de  recoger cuáles son los lazos existentes dentro de este temperamento que vinculan una posible pérdida de objeto (definido en algunas ocasiones e indeterminado en otras) con un descontento hacia el mundo en general y hacia la condición humana en particular. Para ello, se recurrirá esencialmente a la interpretación freudiana de este complejo temperamental y a determinadas citas de Rousseau y de Tomás de Aquino. Finalmente, se esbozará una valoración general que intente aunar ambas vías de análisis y en donde quede recogido un planteamiento detallado de este “estado melancólico”, reconociendo no obstante y ya de antemano, la imposibilidad de dilucidar una lógica estable del mismo.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/LS_la_experiencia_melancolica.htm

por Jorge Ballario

Según el diccionario, “creer” es dar por cierto una cosa que no está comprobada o demostrada, es la firme conformidad con algo. En cambio “certeza” es un conocimiento seguro y claro acerca de alguna cosa.

El sentido común indica que las personas deberían estar continuamente verificando o comprobando sus creencias para poder trasponerlas a la categoría de certezas, sin embargo esto, generalmente no es así.

Creemos en Dios, en un equipo de fútbol, en formar parte de un determinado país, comunidad, familia, etc.

En definitiva somos –entre otras cosas– lo que creemos. Nuestra identidad está compuesta por la totalidad de nuestras creencias; al cambiar alguna, se modifica una parte de nuestra identidad, de ahí la resistencia a dejar de creer, aunque nos pongan las pruebas sobre la mesa. La pérdida de alguna convicción –o la amenaza– se vive como pérdida de la identidad, de una parte de uno mismo, por eso se desencadena la angustia. Es como si en el plano físico viésemos peligrar un brazo o una pierna.

A nivel de las convicciones, el cambio representa peligro y activa un primitivo mecanismo defensivo “paranoide-depresivo”; esto significa que la situación de cambio genera al mismo tiempo un doble temor: un temor al ataque por lo nuevo aún desconocido y un temor a la pérdida de lo ya conocido, que cede su lugar a lo nuevo.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/JB_el_hombre_creativo.htm

Lacan - Freud - Psikeba

Sentido, Verdad y Nombre propio: Lacan con Frege.

Reflexiones lacanianas en torno a algunos temas de filosofía analítica

por Luciano Lutereau

“Me ha parecido que para hacerles apreciar mejor cierta dimensión, ésta era una vía más simple que aconsejarles, por ejemplo, la lectura del señor Frege”.

Introducción al Seminario analítico de J. Lacan.

Sea por el motivo que sea, siempre parecemos mejor dispuestos a encontrar interlocutores del psicoanálisis lacaniano en la filosofía continental: Hegel y el deseo de reconocimiento; Heidegger y la pregunta por el Ser; Sartre y la negatividad, aunque este último punto quizás sea la orientación de todo lo que encontramos en la filosofía continental. En este trabajo me propongo presentar la función de tres tópicos en los que Lacan orienta su reflexión de acuerdo a los aportes de la filosofía analítica. Dado que se trata de una introducción al tema, la presentación tendrá cierta forma rudimentaria inevitable.

Voy a tomar en el centro de mi comentario el Seminario XII, de los Problemas cruciales para el psicoanálisis, al que propongo llamar Seminario analítico de Lacan. No sólo las referencias a Russell, Quine y Wittgenstein pululan entre sus páginas, sino que Frege – de acuerdo con M. Dummett el “fundador” de la filosofía analítica – ocupa un lugar destacado en la argumentación que distingue sentido y significación1. Frege ya había sido una referencia para Lacan, y lo continuará siendo en los Seminarios posteriores; sin embargo, en el Seminario XII, Lacan deja de atribuir lo que Freud podría haber tomado del fundador de la filosofía analítica, para investigar lo que a él mismo le importa de esta influencia2.

Continúa en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/LL_Lacan_Frege_sentido_y_verdad.htm