literatura

por Carlos Roa Hewstone *

bataille

Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia”.
Henry Miller

Resumen

Este escrito se centra en revisar el modo en que se nos muestra la muerte en su relación de contraposición con el habla discursiva, a partir de la noción batailleana de vacío como exposición de la disolución y la imposibilidad. De este modo, nos ocupamos en lo fundamental de esclarecer la caída del discurso en el silencio y el vacío que es mostrado como un lugar donde ya no hay juego entre límite y discurso: este lugar es el ojo. Bataille instala en este juego el espacio de la ausencia y la experiencia del vacío en un pensamiento que emerge desde un afuera continuo que se constata como disolución, tomando la imagen del ojo como metáfora de su movimiento. Cuando el límite del discurso muere en lo imposible, lo que ahí queda es un silencio en lo imposible o, como él mismo lo llama, la noche.

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por Julio César Crivelli

Lord Byron

Café negro y funerales.

Mortecina amargura del alma, extravío de la luz.

Mientras recorre el ciego pantano,

vagamente, como si a otro pertenecieran esos días,

recuerda la confusión, la locura, la ruptura.

Recuerda el exilio, la patria, la tristeza.

No volver.

Huye de su horizonte acorralado

y sabiéndose polvo sin nombre, busca renacer.

Quiere vencer al olvido, quiere volver.

A la tarde, lo sentenció la muerte .

La lluvia y el frío le entraron hasta el fondo

y allí lo supo: Muero.

En la cama, sin gloria,

Sin gritos de guerra, de puro frío, muero.

En este olvidado pantano griego, muero.

Café negro y funerales.

Veintiún días esperan los griegos.

Veintiún días esperan inútilmente,

una señal, un indicio del cielo.

Al fin, ven llegar las carrozas negras.

En una caja de plata, los griegos guardan el corazón del

/ muerto.

Ya está del otro lado. Ya pasó.

No hay vuelta, ni empate,

Aunque pida desesperadamente, no hay empate.

El horizonte púrpura se viste de negro.

Publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009

Continuar leyendo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/JCC_Lord_Byron.htm

por Ana LLurba

El conjunto de los textos narrativos de la escritora uruguaya Marosa di Giorgio parece fundar un universo ficcional donde el panteísmo sexual impera sobre una multitud de especies vegetales y animales que conviven promiscuamente con lo humano… Así, todo rasgo esencial atribuido a esta especie deviene imposible ante la proliferación indómita del erotismo que permea su obra. Con el fin de contribuir con el análisis de este aspecto en la obra de Marosa di Giorgio, nos propusimos indagar, en este trabajo, el tópico del erotismo. Un tópico que parece configurarse en su narrativa como una cartografía del deseo. Considerando que una cartografía,  la escritura de un mapa, a diferencia de un calco no reproduce, no imita, ni representa un inconsciente cerrado sobre sí mismo, sino que lo produce (Deleuze y Guattari, 2008:9-10). De tal manera, la noción del inconsciente como máquina deseante que emergería aquí,  involucra al deseo como producción. Una concepción que pone en cuestión su acepción idealista, es decir, el presupuesto teórico freudo-lacaniano1 de  la eterna carencia del sujeto de un objeto:

El deseo no carece de nada, no carece de objeto. Es más bien el sujeto quién carece de deseo, o el deseo quién carece de sujeto fijo; no hay más sujeto fijo que por la represión. El deseo y su objeto forman una unidad: la máquina en tanto que máquina de máquina. El deseo es máquina, el objeto del deseo es máquina todavía conectada, de tal modo que el producto es tomado del producir hacia el producto que va a dar un resto al sujeto nómada y vagabundo (Deleuze y Guattari, 1994:33)

De  esta forma, el deseo no consiste  en  la re-presentación de la imposibilidad  del sujeto de acceder a un objeto. El deseo se manifiesta, en consecuencia, como un principio de producción, un proceso, una máquina que sólo funciona conectada con otras máquinas. Éste se configura como un concepto central del esquizoanálisis, una teoría interpretativa que impugna al psicoanálisis,  basándose en una relectura de la polarización  de dos patologías: la paranoia y la esquizofrenia2. Por lo tanto, a través de la creación de una cartografía, intentaremos seguir la circulación de los flujos de deseo a los fines de delimitar  un lugar, un tópico: el erotismo en la narrativa de Marosa di Giorgio.

El erotismo ha sido comprendido como una búsqueda psicológica independiente de la actividad sexual y la reproducción. De tal manera, se afirma que “Hay, en el paso de la actitud normal al deseo, una fascinación fundamental por la violencia y la muerte. Lo que está en juego en el erotismo es siempre una disolución de las formas constituídas” (Bataille,2007:15-23). En este sentido, intentaremos interpretar esa disolución en la singular narrativa  de di Giorgio, donde  un   devenir-mujer como “proceso del deseo” (Deleuze y Guattari, 2008:275) se inscribe en su escritura.

El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.

Leer texto completo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/AL_Devenir-mujer_la_narrativa_erotica_de_Marosa_di_Giorgio.htm

por Mario Orozco Guzmán

Este ensayo se propone fundar una lectura psicoanalítica de la leyenda del fantasma de La Llorona en función de los ejes estructurales que sostienen el mito de Medea. Dichos ejes se desprenden de  los atributos  hipotéticos que Alain Depaulis estableció para su desciframiento de lo que denominó Complejo de Medea. Son tres los elementos que sustenta en su apuesta indagatoria: Mujer abandonada,  Deseo de Castigar al Padre y el Niño como Instrumento de Venganza.  Estos componentes se tensan  y articulan de manera específica en la trama novelística de la Llorona.  El núcleo que se inscribe como fundamental en el despliegue de los relatos es el de la castración femenina y su reposicionamiento fálico.  La leyenda es una historia que posee referentes míticos en el universo prehispánico pero que instaura su drama y su cortejo imaginario y angustiante en el orden colonial.  El trabajo intenta responder a la cuestión del abanico de significaciones del acto infanticida. Una de las cuales remite al sentido rotundo de privación, de producción de falta sobre el compañero. Otra compromete la radicalidad de la pasión celosa y otra la reducción de los hijos a la condición de instrumento de abyección de la omnipotencia materna.

El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.

Leer texto completo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/MOG_estructura_medeica_de_la_llorona.htm

por Melania Musuruana

“Un color invariable rige al melancólico: su interior es
un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa.”

Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta.

El color de la melancolía es el negro, el color del luto, dice Pizarnik. Etimológicamente la palabra señala esto, mèlas, mèlaina, mèlan del griego son referencia al negro. Se completa con kholé, es decirbilis”, de allí que en la Atigüedad el melancólico fuera un tipo nosológico de la medicina hipocrática basada en los humores corporales que describía una forma de locura caracterizada por el ánimo sombrío, una tristeza profunda, un estado que puede llevar al suicidio, y por manifestaciones de temor y desaliento.

Este humor negro de la melancolía proviene del mal de Saturno, dios de la agricultura de los romanos, mórbido y desesperado, identificado con el Cronos de la mitología griega, que había castrado a su padre, Urano, antes de devorar a sus propios hijos. A los melancólicos se los llamaba entonces saturninos, aunque cada época construyó su propia representación de la enfermedad.

Esta teoría de los cuatro humores tenía una tradición iconográfica que se remontaba a la Edad Media. En esa época, los modelos que se utilizaban para representarlos revelaban su característica por su conducta y estaban relacionados con los vicios. Así, para el temperamento sanguíneo se utilizaba el modelo de la Lujuria, el colérico era representado como la Discordia, el flemático y el melancólico como la Pereza.

Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/MM_melancolia_acedia_poesia.htm

la huida libro

En palabras de su autor, “La huída es una colección de interrogantes. Sólo preguntas. Testimonia el temor pero también la plenitud del amor.”

Crivelli ha publicado varios libros y artículos sobre su especialización profesional pero también sobre nuestra cultura en diversos medios, tales como: “El psicoanálisis y el espíritu de occidente”; “Moby Dick: El enigma del sexto día”; “Rescate (a 100 años del mingitorio de Duchamp)”; “Retratos en el Exilio”; “Sakai: Un viaje”.

En noviembre de 2008, presentó en la Biblioteca Nacional “La Huida”, su primer libro de poemas.

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