Conceptos
por Natalia Romé
Este artículo se propone partir de una pregunta a fin de desplegar en relación con ella, una serie de notas, comentarios e interpretaciones que permitan trazar una primera aproximación a un campo problemático que resulta para nosotros de gran interés. En términos generales, podríamos identificarlo como el cruce entre los aportes del psicoanálisis y la filosofía política y de la historia, en la obra del filósofo marxista Louis Althusser.
Procuraremos interrogar aquellos elementos teóricos que Louis Althusser retoma –o pretende hacerlo- del psicoanálisis, especialmente de algunas zonas del pensamiento lacaniano y en menor medida freudiano. Trabajaremos con algunos de sus escritos, persiguiendo sus argumentos explícitos en relación con la fecundidad del aporte psicoanalítico y sus intentos concretos por ofrecer algún esquema de articulación entre éste y algunas categorías de la teoría marxista. A la vez, procuraremos ensayar, a partir de la propia letra lacaniana y de otros textos althusserianos, otras articulaciones posibles, atendiendo al marco de problemas y preocupaciones en el que se inscribe su recurso al psicoanálisis.
Lejos está de nuestra intención ofrecer un mapeo acabado que pretenda agotar los lazos posibles entre ambas perspectivas, más bien, apuntaremos a subrayar aquellas zonas menos evidentes y quizás más significativas para una comprensión más rica de la obra del filósofo marxista.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009
Leer texto completo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/NR_el_Lacan_de_Althusser.htm
por Melania Musuruana
Debo admitir, siguiendo a Nietzche, que si Dios no hubiera muerto podría dar fe de lo difícultoso de mi propio encuentro con la filosofía, en tanto cuerpo teórico, en tanto erudición. Pero no sólo Dios ha muerto, Lacan nos dispensa de tener que ser cultos y eruditos y nos convoca a la clínica, advirtiéndonos de que es ella la que demanda la filosofía.
Antifilosofía
¿Por qué podríamos decir que Freud fue antifilósofo?
Hemos visto que en su caso no se trata de una posición asumida como en Lacan, se trata de la posición freudiana frente a las ideas de la modernidad, en tanto descompleta a la Filosofía como saber absoluto cuando osa hacer hablar al sujeto del inconsciente.
Lacan, por su parte, en lo que yo leo como el manifiesto del 18 de marzo de 1980, habla del Sr. A, y plantea:
“Este señor A es antifilósofo. Es mi caso. Yo me sublevo, por decirlo así, contra la filosofía. De lo que no cabe dudas, es que es cosa terminada. Aunque me temo que le va a rebrotar algún retoño. Estos rebrotes se producen a menudo con las cosas terminadas. […]
Yo no me jacto de hacer sentido. Tampoco de lo contrario. Pues lo real es lo que se opone a eso.
Rendí homenaje a Marx como inventor del síntoma. Sin embargo, este Marx es el restaurador del orden, por el solo hecho de que reinsufló en el proletariado la dimensión / la dicha mansión (dit-mensión) del sentido. Bastó con que, al proletariado, lo llamara así. […]
Intento ir en contra, para que el psicoanálisis no sea una religión, aunque tienda a
ello, irresistiblemente, al suponerse que la interpretación no opera sino por el sentido.
Enseño que su resorte está en otra parte, principalmente en el significante como tal. A lo cual resisten aquellos a quienes le da pánico la disolución.”
¿De qué se trata la antifilosofía entonces? [...]
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.
Leer texto completo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/MM_filosofia_psicoanalisis.htm
por Paul Ruiz Santos
El presente trabajo surge a partir del interés en profundizar sobre la explicación que el psicoanálisis -como teoría- le da a la actividad intelectual. Actividad más que importante en la vida de los seres humanos. Haciendo esta particularidad que sea necesaria una explicación como actividad primordial en la vida ya que, como veremos en el trabajo, esta actividad nos permite en muchos sentidos desarrollarnos tanto individual como socialmente a partir de la producción de conocimiento y cultura en un vínculo dialéctico.
Por todo esto me remito a las fuentes de la teoría psicoanalítica desde sus inicios con Sigmund Freud, siendo él el primero en hablar sobre la pulsión epistemofílica, y retomando algunos conceptos relacionados con otros teóricos del psicoanálisis como Jacques Lacan y Jean Laplanche con el fin de observar las formas que desde el psicoanálisis se ha intentado explicar la actividad intelectual, y su interacción con la cultura y la sociedad.
El planteo original sobre la pulsión epistemofílica fundamenta en si misma la sublimación de las pulsiones, como destino de pulsión, en la búsqueda del conocimiento. Este hecho nos abarca a todas las personas que nos dedicamos a estudiar e investigar en cualquier ámbito de la existencia.
La pulsión epistemofílica, o pulsión de saber, tiene sus inicios con Freud de la mano del concepto de sublimación. La cual según el diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis se explica como; Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad, pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados.
Sigue en: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/PR_sublimacion_pulsion_cultura.htm
por Roque Farrán
En este artículo intentaré mostrar cómo la definición canónica del sujeto del significante brindada por Jacques Lacan, configura un trazado topológico muy simple (el ocho interior) que puede funcionar como operador de lectura y, por tanto, de conexión entre diferentes disciplinas; principalmente la literatura y la ciencia. Por supuesto, se trata de circunscribir, a partir de la estructura diferencial mínima del significante, el momento fugaz en el que acaece el acto inventivo, por el cual un sujeto invierte (en sentido topológico) su goce al dividirse. Por último, se recurrirá también a mostrar la convergencia del pensamiento lacaniano con dos enfoques filosóficos que operan sobre la misma estructura compleja; me refiero a Alain Badiou y Charles Peirce.
I
El significante representa al sujeto para otro significante. Con esta definición del significante y, correlativamente, del sujeto (ob)tenemos una reduplicación de los términos de ‘la instancia de representación’ en la cual no se trata, en absoluto, de separar por un lado lo que correspondería a la dimensión de la cosa u objeto y por el otro el signo o representación; sólo contamos con un significante y luego otro, pura diferencia. En lugar del esquema clásico de representación dual (sujeto/objeto) se presenta una estructura relacional ternaria: un sujeto, que no existe sino en tanto es representado por un significante; el cual, a su vez, no es más que para otro significante. Cada uno de estos términos, insustanciales en sí mismos, conforma su materialidad anudándose mutuamente. Si no fuese así tendríamos que presuponer la existencia de un sujeto trascendental que suture eternamente –de una vez y para siempre- ambos lados de la estructura sígnica.
El efecto de representación que se desprende de la definición del sujeto por el significante nos muestra la imposibilidad de la cosa-en-sí y, al mismo tiempo, la necesidad de (su) invención. Es en este punto donde puede encontrarse cierta convergencia entre la creación de objetos artísticos, el descubrimiento científico y la invención de conceptos filosóficos o psicoanalíticos. Lo veremos en el desarrollo del texto.
Si seguimos a la filosofía, en su efectuación del giro lingüístico, entenderemos con Wittgenstein que “el mundo es co-extensivo con el lenguaje”, es decir, que nada hay fuera del lenguaje –ni del mundo-; lo cual genera un exceso irreductible en el seno del mismo, una falla intrínseca que es producto y causa de la misma reflexión sobre sí en el intento imposible de (retro)captarse. Con respecto a esta falla real del lenguaje Wittgenstein prefiere callar; mientras que el psicoanálisis, por el contrario, se aplica en desbrozar tal vía y escribir su topología: los trayectos silenciosos de la pulsión.
Sólo hay diferencia por el significante y éste no es más que pura diferencia, pero entonces ¿cómo pensar la identidad que presuponía la idea clásica de adecuación o correspondencia entre representación y cosa? He aquí donde tenemos que dirigir nuestra atención, más acá de la formalidad propia del significante, en el momento de sustitución (o desplazamiento) de uno por otro, hacia el momento en que se abre el espacio intervalar (señalado por el adverbio “para” de la definición) y el sujeto representado emerge y se desvanece en una oscilación temporal. Este es el punto donde se jugará la elaboración del objeto en los distintos dispositivos de invención. El sujeto es significante sólo en tanto está representado para otro significante; repito, no tenemos una cosa y luego la representación que un sujeto (psicológico o trascendental) se hace de ella, sino que lo representado ya es parte de la representación misma aunque nunca coincida (ni se corresponda) plenamente con ella, puesto que su efecto lo divide entre dos.
Como el lenguaje es, básicamente, una estructura binaria que excluye lo real, sólo una nominación suplementaria, un acto, permite enlazar la estructura de tres términos.
En la oscilación (o suspensión) del sujeto entre dos significantes (uno y otro) vamos a encontrar dos elaboraciones lacanianas, formuladas en dos letras o matemas: a (el objeto a) y S (A/). Con esta matematización Lacan intenta reducir a un mínimo el sentido y las posibles derivas interpretativas, para circunscribir así lo real.
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