Artículos
por Carlos Roa Hewstone *

Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia”.
Henry Miller
Resumen
Este escrito se centra en revisar el modo en que se nos muestra la muerte en su relación de contraposición con el habla discursiva, a partir de la noción batailleana de vacío como exposición de la disolución y la imposibilidad. De este modo, nos ocupamos en lo fundamental de esclarecer la caída del discurso en el silencio y el vacío que es mostrado como un lugar donde ya no hay juego entre límite y discurso: este lugar es el ojo. Bataille instala en este juego el espacio de la ausencia y la experiencia del vacío en un pensamiento que emerge desde un afuera continuo que se constata como disolución, tomando la imagen del ojo como metáfora de su movimiento. Cuando el límite del discurso muere en lo imposible, lo que ahí queda es un silencio en lo imposible o, como él mismo lo llama, la noche.
por Marcel de Almeida Freitas
A cada dia centenas de pesquisadores fazem descobertas no campo psicológico e/ou desenvolvem métodos e técnicas diferentes de atuação; diante disso, o contexto atual da Psicologia Jurídica se configura como uma coexistência de diferentes escolas psi, destacando-se a psicologia clínica e a psicologia social. Em geral, os estudos da Psicologia Jurídica envolvem um conceito básico, a moral, que pode ser definida como o conjunto de regras e padrões subjetivos informados socialmente que permitem ao indivíduo discernir o ‘bem’ do ‘mal’. A moralidade seria então o lado ‘abstrato’ da conduta individual e, por sua vez, é sustentada pelo sistema axiológico mais amplo da sociedade. Sua esfera de estudo por excelência é a Ética, um dos campos específicos da Filosofia.
Conforme Urra (1993), compreendendo o estudo, o assessoramento e a intervenção sobre os comportamentos humanos que têm lugar em ambientes diretamente ligados ao âmbito legal, a Psicologia Jurídica engloba a Psicologia Forense e a Psicologia Criminológica. Assim, desde 1792 pareceres psicológicos já eram requeridos nos tribunais dos Estados Unidos, sendo que na Europa passou a ser mais conhecida após os aportes psiquiátricos de Lombroso, na Itália, em 1876, e de Kestschmer, na Alemanha, em 1955. Só recentemente ela foi institucionalizada, primeiramente nos Estados Unidos (anos 1970) e depois na Espanha (anos 1980).
Nesse sentido, a Psicologia Jurídica toma a figura de uma psicologia aplicada ao melhor exercício do Direito. Sob esse propósito, o trabalho conjugado de juristas, assistentes sociais, magistrados e psicólogos vem sendo executado, mormente, nas seguintes frentes: análise dos testemunhos; exames de evidências delitivas; análise do grau de veracidade das confissões; compreensão psicossocial do delito (desvendar as motivações para o mesmo); orientação psíquica e moral do infrator; análise das melhores medidas profiláticas do ponto de vista sócio-cultural e psicológico aos diversos perfis de delinquência; atuação preventiva a fim de evitar a reincidência; apoio e tratamento psicólogo das vítimas de delitos.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.
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por Julio César Crivelli

Café negro y funerales.
Mortecina amargura del alma, extravío de la luz.
Mientras recorre el ciego pantano,
vagamente, como si a otro pertenecieran esos días,
recuerda la confusión, la locura, la ruptura.
Recuerda el exilio, la patria, la tristeza.
No volver.
Huye de su horizonte acorralado
y sabiéndose polvo sin nombre, busca renacer.
Quiere vencer al olvido, quiere volver.
A la tarde, lo sentenció la muerte .
La lluvia y el frío le entraron hasta el fondo
y allí lo supo: Muero.
En la cama, sin gloria,
Sin gritos de guerra, de puro frío, muero.
En este olvidado pantano griego, muero.
Café negro y funerales.
Veintiún días esperan los griegos.
Veintiún días esperan inútilmente,
una señal, un indicio del cielo.
Al fin, ven llegar las carrozas negras.
En una caja de plata, los griegos guardan el corazón del
/ muerto.
Ya está del otro lado. Ya pasó.
No hay vuelta, ni empate,
Aunque pida desesperadamente, no hay empate.
El horizonte púrpura se viste de negro.
Publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009
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por Luis F. Langelotti
Resulta una creencia muy diseminada, a nivel de la opinión común, aquella que sostiene que lo propio de las épocas pretéritas fueron las relaciones sociales basadas en el uso de la palabra, en la plática y en la lectura, mientras que en la modernidad y en la “posmodernidad” nos tocaría asistir a un mundo centrado fundamentalmente en la imagen, en el realityshow. Mundo el cual no sería sino un espectáculo desgarrador que nos empujaría a mirar y a ser mirados a través de una implacable organización panóptica y de un sistema tecno-comercial de “Grandes Hermanos” y “Patinadores por un sueño” – que sueñan con que de los sueños se es dueño y no más bien un sujeto que a los sueños los padece, en la medida en que allí florece el inconsciente que Freud nos enseñó a descubrir.
Un ejemplo bastante explícito de esta concepción, lo tenemos dado por el caso del filósofo italiano Giovanni Sartori quien, en su interesante libro Homo videns (1997), analiza este proceso de transformación de la “naturaleza” del hombre en la coyuntura histórica actual. Cambio antropológico que estaría suscitado por el pasaje hacia el primado de lo imaginario, es decir, hacia la imposición de la imagen por sobre la palabra. Entre los factores causales de tal transmutación, Sartori ubica este cambio, fundamentalmente, en relación a los avances tecnológicos de nuestra época y, puntualmente, en relación a la televisión: “…la televisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens. La televisión no es sólo instrumento de comunicación, es también, a la vez, paideía, un instrumento «antropogenético», un médium que genera un nuevo tipo de ánthropos, un nuevo tipo de ser humano.”2 El filósofo encuentra la pertinencia de esta tesis en un observable fuerte, a saber: “en el puro y simple hecho de que nuestros niños ven la televisión durante horas y horas antes de aprender a leer y escribir.”3
Si bien resulta acertado afirmar que la imagen en nuestro tiempo ha cobrado especial relevancia gracias a la creación de nuevos medios de comunicación y de socialización, empero, no debe descuidarse el hecho de que cualquier imagen “captada” por el sujeto (entrecomillo la expresión ya que más bien es el sujeto, en tanto disímil de un percipiens unificante, el que es “captado” por la imagen) siempre se halla sostenida por el lugar del lenguaje, es decir, por el Otro. La imagen, al igual que the behaviour, está en la palabra: ¿cómo podría significar algo sino estuviera allí, en ese campo, inmersa en esa dimensión propiamente significante? En este sentido, el «impacto» de lo imaginario revela tener una eficacia notable en la medida en que no sólo afecta fuertemente a lo que podría denominarse la “masa”, el “pueblo”, sino también a aquellos pensadores e intelectuales que descuidan en sus análisis de lo social la potencia determinante que lo simbólico ejerce por sobre ese otro registro.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009
por Jorge Ballario
Si a un niño relativamente sano se lo rotula como enfermizo, probablemente lo será. Tal el sugestivo efecto de la nominación en la mente infantil, dado el desvalimiento que experimenta la criatura frente al omnipotente mundo adulto. En paralelo, muchos hombres y mujeres contemporáneos sufren de manera solapada una similar asimetría sugestiva, pero en relación al hiperjerarquizado discurso científico.
La representación científica del cuerpo humano, creada por la comunidad científica, no es más que un modelo ideal: procura sustituir la imagen que cada uno de nosotros posee de su propio cuerpo. Esa sacralizada ficción lingüística es capaz de influenciar, a través de sus enunciados, en los cuerpos concretos de los afectados. En determinadas circunstancias, el sujeto cautivo expresa en su organismo, mediante una enfermedad o disfunción, la lógica del enunciado.
Sabemos que el cerebro produce lo mental, y esto no puede reducirse a los pocos y simples mecanismos cerebrales observados por la ciencia. Procurar entender a la mente humana sólo con el estudio del cerebro, sería equivalente a pretender comprender una obra de arte valiéndose del desmenuzamiento y análisis microscópico de las partículas químicas que la componen.
Parte de la alienación actual en este terreno está vinculada a la divulgación científica sensacionalista, al exceso de importancia de ciertos descubrimientos científicos y a la megalomanía de algunos investigadores, que ven en sus trabajos resultados más abarcadores de lo que realmente son. Es así entonces como ciertos posicionamientos cientificistas, más su habitual divulgación sensacionalista, suelen desestimar las vivencias identificatorias, y las estructurantes adquisiciones simbólicas de la historia psicológica del sujeto.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.
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por Jesús Manuel Ramírez Escobar
El presente trabajo busca poner a la luz los diferentes problemas emprendidos al hablar de las terapias cognitivo-conductuales (TCC) frente a la propuesta del psicoanálisis. Para tocar dichos avatares es pertinente un recorrido sobre aquello que fundamenta el abordaje clínico tanto de una como de otra teoría, es decir, el sustrato epistemológico que evidencia la manera en que cada una organiza su saber y cómo, posteriormente, adecua su práctica.
De lo anterior, cabe la aclaración sobre el objetivo de este esquema de trabajo, puesto que muchas veces se recurre a la crítica descalificadora sin ningún grado de argumentación epistémica al respecto; la apuesta sociológico-económica como explicación central desde muchos psicoanalistas acerca del repunte en algunos países de las TCC, muchas veces no logra afrontar el elemento central del debate entre éstas y el psicoanálisis. A manera de ejemplo, mencionemos la guerra de descréditos suscitada por las apariciones del Libro Negro del Psicoanálisis (2005) y su respuesta: El Libro Blanco del Psicoanálisis (2006); donde se presentan varios ataques entre analistas y practicantes de las TCC respectivamente, discutiendo desde la lógica que cada uno profesa en su clínica, pero sin retomar la base teórica que las diferencia al darse por sabida.
Desde el psicoanálisis, suponer una carencia de elementos que fundamenten una epistemología en la base de las teorías conductual y cognitiva, lleva a una desautorización del mismo modo que, en aras de una crítica al modelo socioeconómico, el psicoanálisis ataca a la ideología capitalista de la época; por lo que la mayoría de textos que se producen por partes de algunos analistas, refleja una actitud muy cercana al desmerecimiento que muchos teóricos de las TCC atribuyen a la clínica psicoanalítica por no arrojar datos empíricamente demostrables, aún cuando sabemos que desde Freud y pasando por Lacan, la idea de objetividad es simplemente otra que aquella que busca el modelo experimental.
A su vez, otorgando un grado de responsabilidad desde el interior del psicoanálisis, se observará, como menciona Assoun (1982), que de las lecturas elaboradas por algunos analistas han surgido reflexiones que permitieron la creación de las TCC en un afán de reformulación de los preceptos freudianos, tratando de traducirlos a un lenguaje científico-experimental.
Al final de este recorrido podremos (tal vez) llegar a elucidar un nuevo esquema posible de diálogo entre ambas disciplinas, sin que necesariamente se caiga en un eclecticismo como ocurre en algunos países como intento de sumar fuerzas, o en una amplia discordancia que se quede en una guerra donde los opuestos tengan que ganar o morir.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.
Mientras en Europa desde mediados del siglo XX se ha venido anunciando la muerte del sujeto a través de lo que se dio a llamar el posmodernismo o el deconstruccionismo francés, muerte, que al parecer era la denuncia de todo el paradigma modernista de sujeto cartesiano centrado y unificado por la razón o la conciencia. Pero la propuesta en este escrito es que el sujeto no ha muerto, o por lo menos no ha muerto en algunos lugares, y uno de esos lugares puede ser el continente Latinoamericano, donde se ha presentado un sujeto que muchos historiadores, sociólogos e investigadores de las ciencias sociales y humanas han comentado como un sujeto desfragmentado, aunque estos comentarios han sido desde una queja, denunciado que esa fragmentación como causante de muchos de nuestros padecimientos actuales, hasta de nuestra incapacidad de estar a la altura de un proyecto moderno o de unidad nacional o de identidad.
Un sujeto descentrado, un sujeto que no tenga un ideal de centro, que no alcance o no quiera alcanzar el ideal de ciertas disciplinas de las ciencias sociales y humanas de encontrar un sujeto de la conciencia autónomo y libre, el ego trascendental de la filosofía moderna, el sujeto autosuficiente y dominador, un sujeto cognitivo que en la actualidad todavía es defendido por la psicología académica, un sujeto -pensante, razonable y por consiguiente consciente.
Esa conciencia también se introdujo en la filosofía y el pensamiento de ciertos autores latinoamericanos, no hay que olvidar que los proyectos de crear conciencia nacional desde las primeras revoluciones de siglo XIX en Latinoamérica fueron intentos de rescatar la antigua monarquía española en contra de la conquista por parte de Napoleón del reino de España.
Ya desde Leopoldo Zea, pensador mexicano de comienzos del siglo XX, y uno de los primeros que comienza a elaborar una teoría en Latinoamérica se puede vislumbrar la concepción de crear una “conciencia del ser americano”, un intento por desarrollar una identidad Latinoamericana bajo la luz del proyecto cartesiano, es decir, de crear una especie de sujeto latinoamericano desde una conciencia o de un yo concreto, (Hernández, 2004).
En Zea se comienza una aporía de la cual es difícil salir “El origen de nuestros males está en el hecho de querer ignorar nuestras circunstancias, nuestro ser americanos. Nos hemos empeñado, erróneamente, en ser europeos cien por ciento. Nuestro fracaso nos ha hecho sentirnos inferiores, despreciando lo nuestro por considerarlo causa del fracaso” (Zea, 1986)y ¿qué es lo nuestro?, Zea se responde: “Vamos a mostrar que pensamos, que hacemos Filosofía, que hacemos Ciencia, de que somos poetas y que en arte podemos, de veras, competir” (Zea, 1986), con la reglas de la modernidad, con unas reglas que la modernidad se inventó, y que Zea trataba de seguir, profundizando en la conciencia e identidad latinoamericana, la cual de entrada es un proyecto al fracaso porque eso implica buscar en los orígenes en esa identidad, porque la identidad única que se puede encontrar es la identidad “ideal” Europea, aquella de la que Hegel creía, y que consideraba a los pueblos del norte de Europa como los “más avanzados” en ese “espíritu”.
El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.
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