por Patricio Lepe Carrión

“Gobernar, según el principio de razón de Estado, es actuar de tal modo que, el Estado pueda llegar a ser sólido y permanente, pueda llegar a ser rico, pueda llegar a ser fuerte frente a todo lo que amenaza con destruirlo.”(Foucault). Gobernar la vida, significa apropiarse de lo más esencial de la existencia humana; la lógica de la gubernamentalidad elabora permanentemente nuevas estrategias o técnicas para semejante apropiación. En el presente trabajo, intentaré criticar este asunto con una elocuente metáfora biológica.

“¿Qué es gobernar? Gobernar, según el principio de razón de Estado, es actuar de tal modo que, el Estado pueda llegar a ser sólido y permanente, pueda llegar a ser rico, pueda llegar a ser fuerte frente a todo lo que amenaza con destruirlo.”3

Si tomamos en serio la frase mascota que encabeza este artículo -Foucault ciertamente la destruye-, podemos sin mayores prejuicios encaminar nuestro trabajo por medio de metáforas sobre el cuerpo, las células y sus funciones. Queramos o no, aún estamos sometidos al hegemónico pensamiento de lo orgánico, de lo molar (Guattari), o de lo ensemblístico.

Reformulamos la pregunta que hizo Foucault en 19764, la primera vez en la historia que se menciona el concepto de biopolítica: ¿Cuál es el interés central de esa nueva tecnología del poder? Foucault, es muy claro al señalar que, “se trata de establecer mecanismos reguladores que, en esa población global con su campo aleatorio, puedan fijar [forzadamente] un equilibrio, mantener un promedio [de normalización], establecer una especie de homeostasis [artificial]…”. A partir de esta respuesta, es que elaboramos una concepción de la “vida”, en términos políticos, y de su manipulación.

Manipular la “vida”5 de los individuos, es planificar estrategias de regulación, mecanismos o dispositivos que sean capaces de establecer estándares comunes al interior de un cuerpo social; de normalizar, disciplinar o controlar los cuerpos, a tal grado de hacerlos converger en un solo núcleo de significación: terapias y medicamentos que, aletarguen los comportamientos, y los sometan a una clínica u observatorio especializada de las conductas. Crear órganos definidos en los Cuerpos, funcionales, donde cada célula responda a un ‘correcto’ y pertinente equilibrio de homeostasis artificial, como si las células y los tejidos no fueran por sí mismos capaces de generar una estabilidad propia. Y en caso que sean, habría de todas formas que imponer un nuevo ‘orden mundial contra la naturalización de los cuerpos’.

El presente artículo ha sido publicado en Psikeba Nº10, Diciembre de 2009.

Leer texto completo: http://www.psikeba.com.ar/articulos2/PL_biopoliticas2_gubernamentalidad.htm

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