"Cómo hacer cosas con palabras" (How to do things with words)

En torno al Texto de John L. Austin) *

Salvador Lanas Hidalgo *

 

 

Psikeba - Revista de psicoanalisis, arte y estudios culturales

 

I Prefacio

 

1.-Uno de los atractivos que ofrece la mirada de Austin acerca de la filosofía es ese deseo por liberar a ésta de la constelación de artificios y pseudos problemas que sus intérpretes acostumbran a ofrecer.Se añade a lo anterior, una perspicaz y aguda visión para entender lo que significa el lenguaje ordinario que al volver sobre él, se lo eleva a una categoría desde el cual se puede reflexionar y acometerlos verdaderos problemas humanos que presenta la realidad.

Es curioso como en nuestra cultura se acostumbra a desviar la mirada y a olvidar algunos hitos relevantes y fundamentales para construir nuestro mundo. La palabra en nuestra cultura tiene una importancia decisiva y es onto-teológica y teleológica y está descrita en algo tan simple como una oración (Jn. Prólogo y Jn. 17) “En el principio era el verbo (logos)… y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

El natural proceso de desacralización de nuestra cultura, a partir del giro cartesiano, nunca ha apagado del todo el profundo significado que tiene la palabra, pues va ligada al ser y a la verdad y por cierto es acto, toda vez, que en su referente fundamental y fundacional, es una persona (la segunda persona de la Trinidad). Por tanto, la palabra (verbum) es acto, pues contiene el ser.

De allí que, cuando mentamos algo lo que hacemos en estricto rigor es un acto (que tiene sentido, contenido, denotación y significado, como quiere Austin).

 

 

2.- La otra fuente que nos nutre, la griega, también nos ofrece el testimonio acerca de la importancia de la palabra a partir de Platón, aunque él no se desprende del todo de su formalismo.En el Sofista expone que los nombres aislados no dicen nada acerca del ser o del no ser de los entes, sino solo al constituirse en un logos producto de la mezcla de,por lo menos, un nombre más un verbo.1

 

Este “más pequeño logos” es formalizado estrictamente por Aristóteles en lo que el denomina él logosapofántico, portador de la verdad (o de la falsedad).

Aristóteles distingue dos tipos de logos, el logos semántico, que corresponde al lenguaje como tal y el logos apofántico o logos proposicional.El logos semántico corresponde a los significados de los signos lingüísticos, es decir, a los conceptos. El logos apofántico corresponde al conocimiento que afirma o niega algo acerca de algo, al conocimiento de la ciencia cuyo referente (y limite) es la existencia y la verdad.2

La cultura cristiana siguió de alguna manera tanto la postura platónica como la aristotélica, respecto de las palabrasy de sus significados y de ambas se estructura una tradición donde se pierde un tanto el punto de vista de la palabra como acto, al decir de los filósofos del lenguaje.

Para Austin “El acto de habla en la situación de habla total es el único fenómeno real, que en última instancia estamos comprometidos en elucidar.”3

3.-¿Cuál es el punto de partida de Austin? ¿En qué consiste su tesis?¿Dónde esta el error de los que hacen Filosofía?

Este breve trabajo recogerá por una parte los postulados fundamentales de Austin, contenidos principalmente en su obra “Cómo hacer cosas con palabras” (el texto utilizado es el de Ediciones Paidos, Barcelona, España 1990) y un resumen de su método empleado de manera técnica al exponer los actos de habla que son ejecutivos (ejecutorios) descritos en la conferencia VII, al final.

 

 

 

 

II. Tesis de Austin

 

1.-Austindice: “el fenómeno que se discutirá está muy difundido y es obvio y no puede ser que no haya sido ya advertido por otros, al menos por aquí o por allí.Sin embargo, no he hallado que se le preste atención en forma específica.Por largo tiempo la presuposición de los filósofos fue que el oficio de una aseveración puede ser sólo describir algún evento o establecer algún hecho lo cual debe hacerlo o verdadera o falsamente”.4

Esta manera de entender las palabras y el lenguaje en Austin ha tenido muchos seguidores.Uno de sus discípulos más aventajados, J. Searle, continúa la senda de su maestro y ofrece conceptos clarificadores de lo que es este quehacer filosófico “Distingo entre filosofía del lenguaje y filosofía lingüística. La filosofía lingüística es el intento de resolver problemas filosóficos particulares atendiendo al uso ordinario de palabras particulares u otros elementos de un lenguaje particular. La filosofía del lenguaje es el intento de proporcionar descripciones filosóficamente iluminadoras de ciertas características generales del lenguaje, tales como la referencia, la verdad, el significado y la necesidad -y solamente se preocupa de pasada de elementos particulares de un lenguaje particular-; sin embargo, su método de investigación, empírico y racional más que a priori y especulativo, obligaríannaturalmente a prestar atención estricta de los hechos de los lenguajes naturales efectivos”.5

Para Searle la filosofía lingüística es primeramente el nombre de un método; la filosofía del lenguaje es el nombre de un tema.

 

 

2.-Acerca de la tesis de Austin

 

Austin es considerado en la corriente denominada análisis del lenguaje y más específicamente, la de los usos del lenguaje.

Ello lo lleva a considerar que una oración cualquiera sea ella, enunciativa o no, es emitida para hacer algo; ya sea para afirmar algo o negarlo, ya sea para pedir perdón a alguien, y para ordenar, describir, prometer, interrogar…

Así toda oración tiene su sentido práctico determinado por el uso que se le esté dando.El uso prototípico de cada clase de oración es el que se observa en el lenguaje ordinario o coloquial, según sea el caso.Desde este punto de vista, toda locución u oración utilizada en un acto de comunicación resulta ser ejecutoria de algún tipo de acto o en términos de Austin: performative utterance.Para él toda operación es una locución ejecutoria o ejecutiva (performative).Una cosa, sin embargo, que sería peligrosa de hacer y que estamos muy inclinados a hacer, es admitir que en cierto modo sabemos que el uso primario o primitivo de los enunciados debe ser, porque debe serlo, aseverativo o constatativo, en el sentido favorito de los filósofos de simplemente emitir algo, cuya única pretensión es ser verdadero o falso y que no es susceptible de críticas en ninguna otra dimensión.Por cierto, que así sea no lo sabemos más; por ejemplo -para tomar una alternativa-, todas las locuciones deben haber empezado primero como juramentos y parece mucho más verosímil que el enunciado puro es una meta, un ideal, hacia el cual el gradual desarrollo de la ciencia ha dado impulso, como lo ha hecho igualmente también a la meta de la precisión.6

Dentro de este contexto, Austin considera que tomadas las oraciones en su estado de actual desarrollo, las hay que son ambiguas y las hay que no lo son, según se haya o no elaborado un elemento lingüístico que explicite el uso de cada tipo de locución en particular.

La función por la que surge y evoluciona un elemento lingüístico, sería precisamente dejar en claro de qué tipo de acto de trata en cada caso -emisión, locución- disolviendo así la ambigüedad.7

 

Cabe hacer notar que para Austin el surgimiento del verbo ejecutivo explícito como elemento lingüístico dentro de la evolución o desarrollo del lenguaje es asunto de convención determinada por el trato social, la que le dará su carácter de efectividad en orden a la realización del acto que se pretende al emitir la fórmula u oración en que el verbo aparece. Así las cosas existirán casos en que no se habrá desarrollado aún una fórmula o verbo para la ejecución de un determinado tipo de acto.

 

3.-La oración enunciativa en razón de su uso.

 

Para Austin no es posible demostrar un tipo único de locución que podamos llamar enunciativa, sino varios.Es por ello, que a todas aquellas oraciones que presuntamente tendrían que ver con la verdad y falsedad las denomina bajo el nombre genérico de constatativos y posteriormente bajo el nombre de expositivas, agrupando así todas las locuciones que en forma explícita “se usan en actos de expresión que involucran explicación de opiniones, conducción de debates y clasificación de usos y referencias”.8

Los verbos explícitos propios de estos actos serían, de acuerdo a una larga lista, entre otros: afirmar, negar, aseverar, discernir, informar, decir, responder, postular, deducir, argüir, definir, explicar, significar, referir, entender, etc.9

Ahora bien, debido a que normalmente acostumbramos a considerar como ejemplos de oraciones enunciativas, locuciones del tipo: “la tierra gira alrededor del sol”, o “dos más dos son cuatro” o bien en ejemplos de Austin, oraciones como: “Francia, es hexagonal”, “Lord Raglan ganó la batalla de Alma” u “Oxford está a sesenta millas de Londres”10, deberemos suponer que en todos ellos el verbo constatativo o expositivo se podrá explicitar por el contexto en que la oración se emite.Al menos, se podrá decir que equivalen a “afirmar que la tierra gira alrededor del sol” o “afirmo que dos más dos son cuatro”, en donde afirmo,es sin duda el verbo ejecutivo explícito, que convierte a la oración en uso indistintamente en un acto de afirmar algo.Se habrá de notar que por lo general el verbo ejecutivo va seguido de un segundo elemento lingüístico cuyo fundamento es explicitar el objeto o contenido del acto realizado.

En resumen, tenemos que en una oración -así llamada usualmente-enunciativa, hay -o debe haber- dos elementos lingüísticos que la integran yson el verbo que determina el tipo de acto que se realiza al emitir la locucióny el contenido u objeto de dicho acto.En tal sentido, desde el punto de vista formal, Austin tendrá razón de sostener que no hay diferencia entre oraciones enunciativas y no enunciativas, si las consideramos tanto a las segundas, como a las primeras, expresiones destinadas a realizar o ejecutar actos por medio del habla.

La tesis de Austin se basa -en lo relativo a este aspecto - en que una oración enunciativa, en cuanto acto, está sometida a todo procedimiento convencional que determina su efectividad, tanto como sucede en cualquier otro acto lingüístico.Este es el análisis preparatorio que desarrolla Austin en orden a preguntarse, internamente, si de hecho hay algo que haga diferente a una oración enunciativa de las restantes oraciones.11

 

4.-Las locuciones no-enunciativas y la verdad.

 

La tesis de Austin sobre las aseveraciones, en el sentido de que son elementos lingüísticos convencionales destinadas a la ejecución de un determinado tipo de acto, al igual que las oraciones no asertivas, como promesa, orden, ruego, etc., se ve complementado por otra tesis que contraría a la tesis tradicional de la distinción de las unas respecto de las otras en razón, de la relación de verdad o falsedad.

Para demostrar su tesis, Austin parte del supuesto de que en las oraciones enunciativas hay“una correspondencia con los hechos” (la aedequatio tradicional) que no se daría en las restantes oraciones.En esta parte de la argumentación se limita a analizar la no correspondencia de las locuciones no asertivas con los hechos, lo que las haría eventualmente diferente de las otras.El análisis atiende al comportamiento de los elementos integrantes (verbo y contenido) de una oración no constatativa respecto de los hechos con los que se relaciona.

 

En cuanto al primer elemento, el verbo ejecutivo, el análisis de Austin, en su argumentación, corre al parecer en el siguiente sentido: el verbo ejecutivo explícito, al menos en una oración enunciativa, no es un informe acerca de un hecho previo con el cual debiera corresponder, al menos en lo que atañe al acto que realiza.No expresa un informe acerca de un acto a ejecutar o ejecutado, sino que ejecuta el acto en cuestión.Si digo, por ejemplo, “te prometo que volveré mañana” hay una estricta relación entre decir “prometo” y hacer la promesa, pero no en el sentido de que este hacerlo convierta en verdadera o falsa la expresión “te prometo”.Para que esto último acaeciese, el decir “prometo” debiera, consistir en un informe del acto realizado, en este caso la promesa; lo que no acontece en una locución como la del ejemplo.Para ello se requeriría que el acto de prometer o la promesa se hubiese realizado con anterioridad, de modo que el decir “prometo” resulte un informo. Sin embargo, un análisis minucioso nos llevaría a aceptar que no hay la tal promesa antes de decir “te prometo” sino que ella es realizada, puesta en acto, diciendo la fórmula.Para Austin existe una clara diferencia entre nuestra primera persona singular del presente indicativo activo y otras personas y tiempos; y hacer explícito no es lo mismo que descubrir o aseverar (al menos en los sentidos de estas palabras preferidas por los filósofos) lo que estoy haciendo.12

 

Siguiendo esta línea, Austin se hace cargo de las posibles dificultades u objeciones que pueda presentar esta argumentación.Dice que la ausencia o presencia del acto, no hace a lo dicho falso o verdadero, sino que lo hace honesto o falaz o torcido moralmente, lo que en sí es diferente a hacerlo verdadero o falso en el sentido deseado.

La razón estricta estriba en que los elementos de la formula expresada, verbo y contenido, no explicitan, ni mientan dicha disposición actual.Tal disposición, en cuanto requerida es tan solo objeto de una suposición o de una implicación. 13

Dice Austin, que al prometer, felicitar, pedir perdón, rogar, etc., se actúa bajo el supuesto o implicación (término técnico de su autoría) de quien dice “prometo”, “te felicito”, “ordeno”, etc., lo dice teniendo la disposición anímica o espiritual adecuada.14

 

 

 

5.-Las oraciones enunciativas y la verdad.

 

Se vio en II (2) que una oración enunciativa, analítica o formalmente hablando, se compone de dos elementos, el verbo ejecutivo explícito (asevero, enuncio, afirmo…) y el contenido u objeto sobre el cual recae el acto asertivo (que la tierra es redonda, que dos más dos son cuatro).Un análisis detallado de la oración enunciativa debiera dirigirse a ambos elementos que la convierten en explícitamente tal (el verbo ejecutivo y el contenido).Si atendemos al verbo, por ejemplo, “asevero” en la locución “asevero que la tierra es redonda”, parece tener pleno sentido el aserto de Austin, que dice: al fin y al cabo, cuando aseveramos algo o describimos algo o informamos algo, realmente ejecutamos un acto que es tan acto como el de ordenar y advertir.Al decir“asevero” se pone en evidencia, o si se quiere, explícito que mi acto es de aseveración y no de duda o de mera opinión.Pero, en ningún caso informo que el acto de aseverar se está realizando; lo ejecuto, en virtud del poder del verbo.

El paralelismo entre el comportamiento de una enunciación y una locución ejecutiva no enunciativa, parece acentuarse si consideramos el asunto de la implicación, esto es, de las condiciones internas o externas requeridas o supuestas para el adecuado desempeño de un enunciado.Siguiendo a Austin se dirá que una expresión como“el gato está sobre la cestera” implica que quién lo dice así, lo cree.15

Porque la insinceridad - siguiendo estrictamente a Austin - de una aserción es la misma que la insinceridad de una promesa.“Prometo pero no pretendo” es paralelo a decir “es el caso pero no lo creo”; decir “prometo” sin tener la intención es paralelo a decir “es el caso” sin creerlo.16

La conclusión sería entonces que en este aspecto no hay distinción entre un enunciado y otro tipo de oración.

 

 

Después de haber mostrado Austin, que en un cierto sentido toda oración supone una referencia a ciertos hechos o circunstancias -que no de cumplirse hacen nula cualquier locución- en el asunto de la “correspondencia” del contenido de lo dicho con los hechos, tampoco se da pie a una clara distinción entre los dos tipos de locuciones cuestionadas, llegando a sostener por ello que tanto unas como otras deben ser abordadas por una teoría común que Austin denomina la doctrina de los actos de habla (Speech-acts), tratando de superar desde la partida en la nueva teoría, el supuesto de la distinción entre unas y otras oraciones.

Es aquí, entonces, donde debemos prestar especial atención a las razones de Austin, para poder establecer el punto de contrastación con la tesis aristotélica tradicional.La argumentación de Austin, en lo que atañe a la correspondencia con los hechos, base fundamental para el posible establecimiento de la verdad o falsedad de una oración, va por el siguiente carril: todas las oraciones, tanto enunciativas como no enunciativas, analizadas como actos lingüísticos, son susceptibles de ser aquilatadas o evaluadas respecto de su correspondencia con ciertos hechos.Veamos a continuación, su consideración de cómo es plausible establecer la “correspondencia con los hechos” en el caso de las oraciones ejecutivas no enunciativas, pues de ella se presume que pueden ser aquilatadas también, como verdadero o no.

Ante una locución no enunciativa, supuestamente bien realizada, vale decir, no ambigua en cuanto al acto ejecutado, por tanto con un verbo ejecutivo explícito de acuerdo a las fórmulas convencionales preestablecidas y además emitida en las circunstancias y bajo las condiciones internas y externas requeridas, esta es, correcta en cuanto a su implicación; todavía se puede plantear un último análisis o cuestionamiento que sólo puede resolverse atendiendo a la correspondencia de la locución con lo hechos.Ahora bien, y he aquí lo importante, lo que Austin tiene en mente al hacer este ultimo cuestionamiento, en cuanto a la valoración o ponderación factible de hacer a una oración no enunciativa, es que ella corre paralelamente a la valoración de verdadera o falsa, que es plausible de hacer a una oración enunciativa.Esta es la novedad de Austin y ya estamos caminando en la tesis capital de Austin, que viene a poner en tela de juicio la noción misma de “verdad”.Según su visión: “es esencial constatar que verdadero y falso, como libre y no libre, no corresponde a nada simple, sino a una dimensión general en cuanto a ser algo correcto o propio de decir, como opuesto a algo incorrecto, en determinadas circunstancias, ante determinado auditorio, para determinados propósitos y con determinadas intenciones”17

La noción de verdad, pues, que en la mente de Austin opera, es algo, que se resuelveen términos prácticos.

Ahora bien, cabe aún preguntarse por qué Austin considera que las enunciaciones en este asunto de la correspondencia, entre el decir y los hechos no admiten un tratamiento diferente al de las locuciones no enunciativas.Ello se tornará comprensible sólo si atendemos a sus consideraciones respecto de las enunciaciones en lo atinente a tal correspondencia, la que según su parecer, también se enmarcaría en un contexto decididamente práctico.Esta connotación práctica a la verdad de los enunciados se deja ver claramente a través del análisis que como ejemplo nos presenta de algunas aserciones.

Las proposiciones propuestas son las siguientes: “Francia es hexagonal”, “Lord Raglan ganó la batalla de Alma” y “Todos los gansos migran al Labrador”, o bien,“Oxford está a sesenta millas de Londres”.18

La cuestión es aquí si verdadero o falso como calificativo de estas expresiones señala una dimensión diversa de confrontación con los hechos de aquella que opera respecto de expresiones de advertencia, orden o mandato, consejo, censura o ruego, etc., cuando de ellas se dice, que son oportunas, autorizadas, sanas, justas, justificadas, o lo que corresponda en cada caso particular.

La respuesta de Austin se centra en el siguiente considerando: ¡no hay un modo que permita confrontar objetivamente el decir con la realidad, ni siquiera en el caso de los enunciados!19. Así, en el caso de “Francia es hexagonal”, la validez del enunciado variaría según el auditorio, ya sea el interlocutor un militar o un cartógrafo.Otro tanto, acontecería con “Lord Raglan ganó la batalla de Alma” según se exprese en un texto escolar o en una investigación histórica.Semejante sucede con “Todos los gansos migran a Labrador” u “Oxford está a sesenta millas de Londres”, que variarían según el prurito de precisión que tenga al decirla. Se trataría, según la mirada de Austin, tan sólo de “aproximaciones” a la realidad y en ningún caso objetivas, al no pretender en absoluto corresponder objetivamente con los hechos.La supuesta correspondencia objetiva es, en la mente de Austin, un ideal de corrección, una pretensión de validez para toda circunstancia, para cualquier propósito, ante cualquier autorio, que “quizá se realice alguna vez”.20

Así vistas las cosas, la conclusión de Austin en este asunto de la verdad de los enunciados se resume del siguiente modo: “Bajo el título de verdad, lo que de hecho tenemos es, no una cualidad, ni una relación, ni siquiera una cosa, sino más bien, una total dimensión de cuestionamiento; lo que está claro es que aquí hay toda una gama de cosas que considerar y ponderar sólo en esta dimensión, los hechos si, pero también la situación del que habla, su propósito al hablar, su interlocutor, asuntos de precisión, etc.Si nos conformamos con restringirnos a enunciados de una simplicidad tonta o ideal, no lograremos jamás desenredar lo verdadero de lo justo, honesto, merecido, preciso, exagerado, etc., la síntesis y el detalle, la amplitud y la concisión, etc.21

Esta es la tesis de Austin que lo lleva a plantear el estudio de la antítesis entre oraciones enunciativas y no enunciativas bajo una doctrina común, la de los actos del habla , que tenga en cuenta, “lo que uno está haciendo al decir algo” ya sea aseverándolo o no.El asunto de la verdad o falsedad, pues, es algo que se diluye en un planteamiento más genérico y en cierto sentido práctico o de utilidad y que como tal es aplicable ya no sólo a oraciones enunciativas, sino a todo otro tipo de oración.22

 

 

III.-Consideraciones Finales

 

A.La tesis final de Austin de que todos los enunciados poseen un aspecto ejecutivo es posible resumirla (y distinguirla) en tres nuevos aspectos:

a) Aspecto ilocutorio del acto enunciativo.La acción que se cumple cuando decimos algo.

b) Aspecto locutorio.La acción de decir efectivamente esas palabras según la forma gramatical.

c) Aspecto perlocutorio. La acción que, con nuestro decir, realizamos sobre los demás, considerando la reacción que se provoca.

 

B.Esta tesis es uno de los grandes aportes de Austin a la discusión filosófica, no obstante, también es un gran investigador y lo aporta de manera decisiva en la implementación de una técnica para abordar problemas acerca de la naturaleza del lenguaje.Es una técnica de laboratorio diseñada para funcionar en equipo.Se alcanza objetividad por medio de la introspección grupal.El propósito de la investigación es dar una explicación cabal de las expresiones ordinarias (palabras, giros, frases…) propias del lenguaje.

 

1. Etapas del proceso.

 

(1) Se escoge un área del discurso.

 

(2) Recopilación de los recursos del lenguaje dentro del área del discurso escogida.En esta etapa el sentido común deviene como recurso auxiliar en tanto se requiere habilidad y discernimiento para determinar qué corresponde a un área específica del discurso.A propósito de ello, si no hay seguridad de la pertenencia de un giro a un área determinada, es preferible la inclusión, pues de ser necesaria la eliminación, basta con operarla y ello resulta más conveniente que la reparación de omisiones.Las estrategias para la recolección son: la libre asociación, la lectura de documentos relevantes, el uso del diccionario.

 

(3) Especificación de las circunstancias bajo las cuales un giro es pertinente y especificación de las circunstancias bajo las cuales ciertos giros no son pertinentes a cierta área del discurso.En esta etapa es recomendable la implementación de diálogos y la lectura de historias.Hasta esta etapa la labor teórica queda excluida.Austin señala que aquellos que teorizan con demasiada anticipación a menudo fuerzan su forma de hablar para que se ajuste a la teoría.

 

(4) Formulación de los resultados.Explicación de las distintas expresiones bajo consideración.Lo relevante es que las explicaciones quedan sujetas a la contratación empírica, en virtud de la atención a los datos recogidos.

 

2.Consecuencias

Señalaba en el prefacio que tal vez lo que define a la filosofía del lenguaje ordinario, es la atención final a los argumentos de los filósofos con el fin de detectar confusiones.

(1) Explicitación de algún poderoso conjunto de distinciones que haya formado parte de la práctica lingüística analizada.Ello redunda en una mayor inteligibilidad del lenguaje en el que está interesado.

(2) Comienzo de una nueva ciencia del lenguaje que atañe a filósofos, lingüistas, gramáticos.

(3) Alerta ante las confusiones en que caen los filósofos.

(4) Auxilio para otras disciplinas.

 

Salvador Lanas H.

 

* Locuciones Ejecutivas - J. L. Austin: Cómo hacer cosas con palabras - Dr. Mirko Skarica - Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Esta traducción se realizó en el seno de un grupo de trabajo del Instituto de Filosofía de la Universidad Católica de Valparaíso. Dicho grupo de trabajo se ha propuesto como tema de investigación las teorías semánticas de Austin y sus más cercanos seguidores. La traducción de “Performative Utterances” ha sido uno de los resultados del plan de trabajo llevado a cabo durante el segundo semestre de 1971. Antes de redactar definitivamente la traducción que aquí se ofrece, su primera redacción en castellano fue objeto de estudio en el seminario sobre el autor realizado por Mirko Skariça en el Instituto de Filosofía (U.C.V.) durante el segundo semestre de 1971. Los traductores agradecen en forma especial a los alumnos de dicho seminario por todas las sugerencias valiosas que hicieron durante la discusión del texto. Instituto de Filosofía, Universidad Católica de Valparaíso. En Revista Observaciones Filosóficas. http://www.observacionesfilosoficas.net/locucionesejecutivas.html

[1] Platón, Sofista 259 al 262

[2] Aristóteles, Physica, L IV- 217 b-29b, 218, a-b

[3] Cómo hacer cosas con palabras , pág. 146

[4] Ib.,42

[5] John Searle, Actos de habla, Ediciones Cátedra, Madrid 1980, pág. 14

[6] Cómo hacer cosas con palabras, pág. 113

[7] Ib., 111

[8] Ib.,200

[9] Ib., 187

[10] Ib., 182

[11] El tema está desarrollado en la Conferencia VIII del texto Cómo hacer cosas con palabras.

[12] Cómo hacer cosas con palabras, pág., 109

[13] Ib., 51

[14] Ib.

[15] Ib., 88

[16] Ib., 90

[17] Ib., 184

[18] De “Cómo hacer cosas con palabras” ConferenciaXI, pág. 189 y ss.

[19] Ib., 181

[20] Ib., 185

[21] En Performative-Constative, Ed. Charles Caton (U. Illinois) 1963, pág., 33

[22] Toda esta argumentación en “Cómo hacer cosas con palabras”, en particular Conferencia XI

 

 

[*] Doctor en Filosofía PUCV. Profesor Universitario, Director del Departamento de Artes y Humanidades y Director del Programa de Bachillerato en Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Campus Viña del Mar